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Un destino soñado, no tan lejano y poco visitado

Después de llegar al aeropuerto de Santa Marta en un vuelo interno, nos dirigimos a un pueblo mágico, casi perdido en el tiempo, localizado a 25 minutos en carro desde la ciudad en la que desembarcamos y con temperaturas cálidas que, eventualmente, pueden llegar a los 43 grados centígrados pero tolerables para nosotros.

Al llegar a Ciénaga, sus playas nos recibieron con historias contadas por Agustín Lara, un operador local, quien entre sonrisas y calidez, nos cuenta sobre el festival del “caimán cienagüero, una leyenda viviente acerca del caimán que se comió a  una niña hija de pescadores, el 20 de enero, día en el que festejaba su cumpleaños”. Mientras nuestro amigo nos contaba esta historia, aparecieron bailarines, danzando cumbia cienagüera, al ritmo de tambores y guacharacas.

“Admirando este lugar, entendimos de dónde vino la inspiración para el Premio Nobel de literatura”

Al tiempo que admirábamos esta escena, casi al terminar la cumbia, nos sorprendió Jhon, un emprendedor local y guía de turismo, quien nos compartió unos dulces deliciosos a base de plátano… Los fuimos degustando, mientras dejábamos las playas a un lado, para centrarnos en la zona cultural e histórica. En un momento nos situamos en el parque centenario, el cual, después de unas adecuaciones, tomó un estilo republicano. Además, a unas pocas cuadras encontramos la casa que habitó Gabriel García Márquez (también llamada casa azul); admirando este lugar comprendimos de donde provenía la inspiración del nobel de literatura.

Así, caminando por las calles del pueblo, llegamos al monumento del Prometeo en la Plaza de los Mártires de Ciénaga: un trabajador con un machete en alto en actitud digna y desafiante. Esta estatua se erigió para rendirle un sentido homenaje a los mártires de las bananeras quienes murieron durante la masacre perpetrada por la empresa United Fruit Company.

Al final de nuestro recorrido, llegamos al cementerio de San Miguel o cementerio de los ricos, en donde Osmiro, un experto de la zona y emprendedor local, nos habla de ilustres personajes que vivieron en el municipio y terminaron en este lugar. Es muy extraño finalizar el recorrido en un cementerio, sobre todo ya al atardecer; sin embargo, fue de esta forma que entendimos cómo se configuró Ciénaga en la época republicana y comienzos del siglo XIX.

Dirigiéndonos a descansar, no nos decidimos si hospedarnos en el hotel Casa Verde al lado de la playa, en donde se puede escuchar el sonido relajante del mar y ver desde la terraza la imponente Sierra Nevada de Santa Marta o estar en un lugar inspirado en las obras de Gabriel García Márquez con paredes totalmente decoradas en cuadros y lienzos de un pintor cienagüero de nombre Yeiner Mendoza, en el hotel Remedios la bella.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.