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El destino del nobel:
un descubrimiento cultural

Salimos de Santa Marta para dirigirnos al destino del que habíamos escuchado hablar desde que llegamos a la ciudad, el lugar que vio nacer a uno de los personajes colombianos más reconocidos a nivel mundial: “Aracataca”. Desde nuestra partida, en menos de dos horas, llegamos a este pueblo, donde fuimos recibidos por un grupo musical que entonaba canciones sobre un pasado imaginario de una ciudad llamada Macondo: una tierra caribeña la cual esconde secretos inimaginables de familias, hechos y tradiciones.

En nuestro deseo de descubrir por qué el nobel “Gabriel García Márquez” es tan importante, nos dirigimos al parque lineal, un lugar donde, al aire libre, se puede entender, a través de pinturas llamadas pasajes, las aventuras del diario vivir de este personaje y su relación con la obra que revolucionó la literatura en Colombia. Desde allí, en un burrito sabanero, entre calle y calle, nos transportamos hasta la estación del ferrocarril, donde Yubelkis una cataquera (persona de Aracataca), nos deleitó con canciones de la zona, como las composiciones de Franklin Benavides, escritor, compositor y poeta de Aracataca.

“sentimos cómo José Arcadio le hablaba a Úrsula y fuimos testigos del relato a Melquiades mientras veía llover.”

Durante nuestra estancia con Yubelkis, supimos de la existencia de una casa museo que rinde homenaje a Gabriel García Márquez, por lo que nos dirigimos por el camellón 20 de julio hasta llegar al lugar. Luego de entrar y dejar a algunos de nuestros amigos artesanos y pintores en la entrada, todo cambió, las escenas se volvieron reales, recreando espacios de la obra de Cien Años de Soledad: sentimos cómo José Arcadio le hablaba a Úrsula y fuimos testigos del relato a Melquiades mientras veía llover.

Cuando terminamos el recorrido, aún sorprendidos de lo que encontramos, nos dirigimos hacia el puente de los varados. En nuestro camino nos salieron, Franklin y varios varaos, quienes nos entonaron canciones de remembranza sobre Aracataca. Estábamos un poco confundidos al no entender cómo un puente se puede llamar de esta manera y por qué a alguien se le dice varado; el mismo Franklin, con su habitual traje de trabajador bananero, viéndonos cansados del camino recorrido, nos invitó a una cerveza para contarnos que varao se le dice a la persona que no tiene trabajo ni ingresos y al puente se le atribuye este nombre porque, antiguamente, las personas desempleadas acudían a este lugar a buscar trabajo.

Llegando la tarde, nos acabamos nuestra cerveza, después de compartir un buen tiempo con este artista, seguimos nuestra experiencia en casa e’ tabla, lugar que fue importante para las mujeres de clase alta del pueblo cataquero ya que solía ser el club social de la vida nocturna del lugar, pero también, en las mañanas, atendía a las señoritas que buscaban casarse con hombres prestantes. Actualmente, recibe a turistas como nosotros que se interesan por las costumbres y cultura de pueblo.

Al ponerse el sol, supimos que había terminado nuestra experiencia en Aracataca, lugar del que nos llevamos nuevas perspectivas, un aprendizaje profundo sobre el Nobel y un feliz recuerdo de las personas con las que hablamos porque siempre nos trataron mejor que en casa.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.