Una vida en comunidad

Una vida en comunidad

Nueva Venecia es un caserío de orden palafito es decir, su ubicación estratégica es sobre el agua. Exactamente La Ciénaga Grande de Santa Marta, sala cuna de especies importantes tales como el bagre, la agujeta, bocachico y el nicuro. Esta Ciénaga está ubicada entre Santa Marta y Barranquilla, en el caribe colombiano y es la más grande del país. Es un santuario de aves y peces, un ecosistema muy frágil e importante para la reproducción de las especies.

Para llegar a nuestro destino, partimos a las 6:00 am desde Ciénaga, recorriendo por alrededor de una hora la carretera hacia el muelle donde abordamos un bote. Durante nuestro recorrido hacia Nueva Venecia, pudimos avistar aves como el chavaría (una especie de ave anseriforme de la familia Anhimidae que se encuentra en el norte de Venezuela y Colombia) aunque fue más característico el frío y brisa que imperaron durante las 2 horas de recorrido. Además, el dato curioso, fue la recomendación de llevar la chaqueta cerrada y la boca también, puesto que los peces saltan sobre la embarcación y es muy probable que te lleves una sorpresa. De todas formas, fue un espectáculo ver a estos peces moverse de un lado a otro.

“Existe una panadería, la casa del boticario (según dicen te quita cualquier dolor) y la del carpintero, así como una cancha de fútbol donada por Falcao (estrella de fútbol de la selección Colombia)”

Al llegar a nuestro destino, nos sorprendimos por el recibimiento tan cálido de las familias, quienes nos contaron sus historias de vida y costumbres, las cuales se reflejan en el tipo de hogares que destacan un alto nivel de ingeniería y arquitectura para mantenerse a flote sobre el agua. Sin embargo, no solo son viviendas, también existe una panadería, la casa del boticario (según dicen te quita cualquier dolor) y la del carpintero, así como una cancha de fútbol donada por Falcao (estrella de fútbol de la selección Colombia). Es increíble ver una sociedad vivir de una manera tan alternativa, lo que encontramos único en nuestro recorrido.

Durante nuestra experiencia, esta comunidad, que ahora se ha unido en pro del turismo comunitario, también nos compartió sus habilidades para tocar instrumentos y danzar con ritmos de bailes de la cultura afro llamado “danza negra”, baile de carnaval celebrado por el caserío nueva Venecia.

Llegado el mediodía y con el sol sobre nuestra cabeza, retornamos en bote al muelle y en carro a nuestro hotel. Degustando una buena comida de mar en Ciénaga, vinieron a nuestra mente imágenes del recorrido de esa mañana, en donde persistió una idea que aún hoy hemos mantenido ¿Alguna vez viviremos en armonía con la naturaleza y con los otros seres como lo hacen los habitantes de Nueva Venecia?

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.

Recarga natural

Recarga natural

Después de tener un encuentro tan profundo con una comunidad como la localizada en quebrada del sol, además de haber sido testigos del respeto mutuo de estos habitantes respecto a su cultura, logramos entender que un territorio es más que solo sus pobladores: es un sentido de aprecio profundo por la cultura diferente a la propia y por todos los seres que la conforman. Así, nos habíamos dado cuenta de que queríamos tener un contacto más cercano con la naturaleza y la comunidad, por lo que decidimos buscar otros destinos con estas características.

Esa vez, salimos de Ciénaga, después de un par de días de descanso en Santa Marta, para emprender nuestro recorrido a un Parque Natural situado a casi 2 horas de camino. De comienzo nos había parecido un trayecto largo, pero durante el camino vimos un paisaje no tan habitual en el mundo, el de la Ciénaga Grande de Santa Marta, en el que las aguas de este cuerpo de agua se confunden con las del Mar Caribe, siendo separadas por pequeñas formaciones de tierra en algunos sectores donde pasa la carretera que conecta Santa Marta con Barranquilla.

“se capacitaron a las familias en conceptos de turismo para que así pudieran transmitir su aprecio a la naturaleza a los viajeros que visitan el territorio”

Una vez llegamos a nuestro destino, el Vía Parque Isla de Salamanca, fuimos recibidos por guías de la comunidad local, quienes provienen de familias que antes trabajaban en el área natural en actividades como pesca y agricultura; sin embargo, desde que la reserva fue declarada parque natural, estas actividades quedaron prohibidas y como inclusión económica, se capacitaron a las familias en conceptos de turismo para que así pudieran transmitir su aprecio a la naturaleza a los viajeros que visitan el territorio. Esto nos lo contó Omar, quién hizo parte de ese proceso y ahora es un experto guía de aves en el parque a quién teníamos el placer de conocer.

A medida que íbamos caminando por un casi sinfín de senderos habilitados en el parque, Omar nos contó que el nombre “Salamanca” se atribuye a una familia de origen español que conservaba este apellido y quienes vivían en el territorio mucho antes de convertirse en una reserva. Además, nos enteramos de que el parque es una reserva de fauna y flora silvestre que ha servido como un sitio especializado para enseñar a visitantes jóvenes el aprecio y cuidado por la naturaleza, así como turismo científico para grupos que investigan sobre los comportamientos de determinadas especies, como algunas aves endémicas. En solo un momento, terminamos nuestro recorrido a pie por uno de los senderos para subirnos en un bote y ser trasladados por los diferentes canales y caños naturales del parque.

Después de valorar la importancia de conservar territorios de diversidad como este parque natural, regresamos a tierra para degustar deliciosos pasabocas llamados bollo de maíz, a los cuales se les adiciona butifarra (una salsa muy típica de esta región) y se envuelven en hojas de plátano. Estos snacks tenían un sabor difícil de describir, entre salado y dulce.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.

Un secreto olvidado

Un secreto
olvidado

Después de haber aprendido sobre la cultura que inspiró a Gabriel García Márquez, entendiendo que Ciénaga fue el centro de su inspiración y Aracataca el lugar que le brindó la magia de sus palabras; esta vez quisimos conocer algo diferente, por lo que nos aventuramos a conocer un destino donde existen dos comunidades con diferentes costumbres y que conviven en un mismo paisaje natural.

En aproximadamente una hora de camino en carro desde Santa Marta, llegamos a un pequeño caserío que recibe el nombre de linderos, ubicado sobre la vía que conduce a La Guajira. Allí nos esperaba Alejo, el profe y guía local, quien nos contó que debíamos cambiar de vehículo ya que solo con camioneta 4×4 se podía atravesar el camino para llegar a Quebrada el Sol.  Al llegar al lugar, Alejo nos contó la historia del proceso de paz que se llevó a cabo en la zona con la desmovilización de los grupos armados, mientras que Agustín (un indígena de la etnia Kogui, también profesor del internado étnico) nos señalaba el camino que conducía a las comunidades encabezadas por los Mamos (líderes religiosos y políticos de la comunidad indígena); durante el trayecto, nos mostró lugares sagrados, casas ceremoniales de hombres y mujeres, al igual que el trapiche donde ancestralmente se extrae el jugo de la caña de azúcar, del cual quisimos probar un poco…

“Nos sentimos acogidos por ellos y su cultura que aprecia lo espiritual por encima de lo material.”

Por su parte, Alejo se encargó de llevarnos al colegio donde asisten niños de las comunidades indígenas y campesinas, quienes, con apoyo de su profe de emprendimiento, aprenden sobre los procesos de plantación, maduración, preparación y producto final del cacao. Ellos se forman como expertos al explicar texturas, colores, olores y sabores de esta semilla.

Al terminar la actividad, fuimos invitados a tomar un delicioso almuerzo en bello sol, una finca donde, usualmente, vivían líderes de grupos armados. Sin embargo, desde hace un tiempo, la casa recibe a los turistas hambrientos como nosotros; por esto, Aneth, una familiar de Alejo, nos dio la bienvenida con los brazos abiertos, nos sirvió mojarra frita con patacones, acompañado de deliciosas ensaladas con aguacate y se sentó con nosotros a contarnos su historia de cómo convirtió una vieja casa en un restaurante.

Después de descansar un poco, nos dispusimos a cruzar el río Don Diego, para bañarnos y refrescarnos del calor que habíamos cargado durante todo el recorrido. Interactuamos con la comunidad Arhuaca, quienes nos dieron, en medio de un ritual, una seguranza (llamados brazaletes de buen augurio) para protegernos en nuestro camino de vuelta. Nos sentimos acogidos por ellos y su cultura que aprecia lo espiritual por encima de lo material.

Camino de vuelta a Santa Marta, pensamos que ese día fue distinto y particular y eso que nos queríamos quedar en la playa. Jamás imaginamos conocer comunidades indígenas vivas y ser testigos de su cultura. Ahora que estamos desde casa, recordamos, con deseos de volver, este pueblo indígena que se mantuvo en las cercanías de ríos con aguas diáfanas y piedras tan grandes como huevos prehistóricos y que convive, en una sincronía inigualable, con una comunidad campesina de diferentes costumbres.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.

El destino del nobel: un descubrimiento cultural

El destino del nobel:
un descubrimiento cultural

Salimos de Santa Marta para dirigirnos al destino del que habíamos escuchado hablar desde que llegamos a la ciudad, el lugar que vio nacer a uno de los personajes colombianos más reconocidos a nivel mundial: “Aracataca”. Desde nuestra partida, en menos de dos horas, llegamos a este pueblo, donde fuimos recibidos por un grupo musical que entonaba canciones sobre un pasado imaginario de una ciudad llamada Macondo: una tierra caribeña la cual esconde secretos inimaginables de familias, hechos y tradiciones.

En nuestro deseo de descubrir por qué el nobel “Gabriel García Márquez” es tan importante, nos dirigimos al parque lineal, un lugar donde, al aire libre, se puede entender, a través de pinturas llamadas pasajes, las aventuras del diario vivir de este personaje y su relación con la obra que revolucionó la literatura en Colombia. Desde allí, en un burrito sabanero, entre calle y calle, nos transportamos hasta la estación del ferrocarril, donde Yubelkis una cataquera (persona de Aracataca), nos deleitó con canciones de la zona, como las composiciones de Franklin Benavides, escritor, compositor y poeta de Aracataca.

“sentimos cómo José Arcadio le hablaba a Úrsula y fuimos testigos del relato a Melquiades mientras veía llover.”

Durante nuestra estancia con Yubelkis, supimos de la existencia de una casa museo que rinde homenaje a Gabriel García Márquez, por lo que nos dirigimos por el camellón 20 de julio hasta llegar al lugar. Luego de entrar y dejar a algunos de nuestros amigos artesanos y pintores en la entrada, todo cambió, las escenas se volvieron reales, recreando espacios de la obra de Cien Años de Soledad: sentimos cómo José Arcadio le hablaba a Úrsula y fuimos testigos del relato a Melquiades mientras veía llover.

Cuando terminamos el recorrido, aún sorprendidos de lo que encontramos, nos dirigimos hacia el puente de los varados. En nuestro camino nos salieron, Franklin y varios varaos, quienes nos entonaron canciones de remembranza sobre Aracataca. Estábamos un poco confundidos al no entender cómo un puente se puede llamar de esta manera y por qué a alguien se le dice varado; el mismo Franklin, con su habitual traje de trabajador bananero, viéndonos cansados del camino recorrido, nos invitó a una cerveza para contarnos que varao se le dice a la persona que no tiene trabajo ni ingresos y al puente se le atribuye este nombre porque, antiguamente, las personas desempleadas acudían a este lugar a buscar trabajo.

Llegando la tarde, nos acabamos nuestra cerveza, después de compartir un buen tiempo con este artista, seguimos nuestra experiencia en casa e’ tabla, lugar que fue importante para las mujeres de clase alta del pueblo cataquero ya que solía ser el club social de la vida nocturna del lugar, pero también, en las mañanas, atendía a las señoritas que buscaban casarse con hombres prestantes. Actualmente, recibe a turistas como nosotros que se interesan por las costumbres y cultura de pueblo.

Al ponerse el sol, supimos que había terminado nuestra experiencia en Aracataca, lugar del que nos llevamos nuevas perspectivas, un aprendizaje profundo sobre el Nobel y un feliz recuerdo de las personas con las que hablamos porque siempre nos trataron mejor que en casa.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.

Un destino soñado, no tan lejano y poco visitado

Un destino soñado, no tan lejano y poco visitado

Después de llegar al aeropuerto de Santa Marta en un vuelo interno, nos dirigimos a un pueblo mágico, casi perdido en el tiempo, localizado a 25 minutos en carro desde la ciudad en la que desembarcamos y con temperaturas cálidas que, eventualmente, pueden llegar a los 43 grados centígrados pero tolerables para nosotros.

Al llegar a Ciénaga, sus playas nos recibieron con historias contadas por Agustín Lara, un operador local, quien entre sonrisas y calidez, nos cuenta sobre el festival del “caimán cienagüero, una leyenda viviente acerca del caimán que se comió a  una niña hija de pescadores, el 20 de enero, día en el que festejaba su cumpleaños”. Mientras nuestro amigo nos contaba esta historia, aparecieron bailarines, danzando cumbia cienagüera, al ritmo de tambores y guacharacas.

“Admirando este lugar, entendimos de dónde vino la inspiración para el Premio Nobel de literatura”

Al tiempo que admirábamos esta escena, casi al terminar la cumbia, nos sorprendió Jhon, un emprendedor local y guía de turismo, quien nos compartió unos dulces deliciosos a base de plátano… Los fuimos degustando, mientras dejábamos las playas a un lado, para centrarnos en la zona cultural e histórica. En un momento nos situamos en el parque centenario, el cual, después de unas adecuaciones, tomó un estilo republicano. Además, a unas pocas cuadras encontramos la casa que habitó Gabriel García Márquez (también llamada casa azul); admirando este lugar comprendimos de donde provenía la inspiración del nobel de literatura.

Así, caminando por las calles del pueblo, llegamos al monumento del Prometeo en la Plaza de los Mártires de Ciénaga: un trabajador con un machete en alto en actitud digna y desafiante. Esta estatua se erigió para rendirle un sentido homenaje a los mártires de las bananeras quienes murieron durante la masacre perpetrada por la empresa United Fruit Company.

Al final de nuestro recorrido, llegamos al cementerio de San Miguel o cementerio de los ricos, en donde Osmiro, un experto de la zona y emprendedor local, nos habla de ilustres personajes que vivieron en el municipio y terminaron en este lugar. Es muy extraño finalizar el recorrido en un cementerio, sobre todo ya al atardecer; sin embargo, fue de esta forma que entendimos cómo se configuró Ciénaga en la época republicana y comienzos del siglo XIX.

Dirigiéndonos a descansar, no nos decidimos si hospedarnos en el hotel Casa Verde al lado de la playa, en donde se puede escuchar el sonido relajante del mar y ver desde la terraza la imponente Sierra Nevada de Santa Marta o estar en un lugar inspirado en las obras de Gabriel García Márquez con paredes totalmente decoradas en cuadros y lienzos de un pintor cienagüero de nombre Yeiner Mendoza, en el hotel Remedios la bella.

Para vivir estas experiencias y muchas más, consulta las Agencias de Viajes locales.